SANTIAGO DE QUERÉTARO – La creciente ola de violencia y robos a comercios que azota a la vecina ciudad de Celaya, Guanajuato —ubicada a escasos 40 minutos de la capital queretana—, ha encendido las alarmas en la región. Sin embargo, ante el evidente repunte de atracos a plena luz del día, la respuesta de su administración municipal ha desatado fuertes críticas por intentar matizar la realidad y arremeter contra la labor periodística.
En las últimas semanas, el municipio celayense —gobernado por el alcalde morenista Juan Miguel Ramírez Sánchez— ha sido escenario de más de una decena de robos bajo diversas modalidades. Los delincuentes no solo han forzado cortinas de establecimientos en el primer cuadro de la ciudad durante las noches, sino que han perpetrado asaltos a mano armada en grandes cadenas comerciales y, de forma más reciente, en una joyería ubicada a solo una cuadra de la Presidencia Municipal y en una farmacia local.
A pesar de la indignación ciudadana por estos hechos que ocurren prácticamente al lado de Querétaro, el edil de Morena salió a defender su estrategia de seguridad asegurando de forma polémica que los robos al comercio han disminuido un 19 % en comparación con el año anterior.
Culpabiliza a los medios por la «mala imagen» Lejos de asumir la responsabilidad o anunciar un ajuste de fondo en sus operativos, Ramírez Sánchez reaccionó con molestia ante los cuestionamientos de la prensa local. El alcalde recriminó de manera directa que los medios de comunicación informen sobre los delitos, argumentando que dicha cobertura afecta la percepción pública y daña los esfuerzos financieros de su administración para limpiar la reputación de la ciudad.
«Nosotros hemos gastado mucho dinero en cambiar la imagen de Celaya… No quiero decir cosas con las que ustedes se ofendan, pero todo mundo nos debe ayudar. No a dejar de cubrir los robos, pero sí a disminuir la propaganda», lanzó el mandatario municipal, sugiriendo que la difusión de los hechos delictivos responde a una campaña de desprestigio y no a la realidad que viven los comerciantes.
Mientras la administración de la vecina ciudad centra su discurso en la defensa de su imagen gubernamental y en calificar la información periodística como «propaganda», la cercanía geográfica obliga a mantener la vigilancia en los límites con Querétaro, ante el evidente deterioro de las condiciones de seguridad en el municipio contiguo.




