Mitzi y Martín iban rumbo al trabajo. Era jueves por la mañana y el tráfico en Calzada de Los Arcos apenas comenzaba a tomar fuerza. Nada parecía distinto en esa rutina que compartían cada día. Ella, egresada de Diseño Industrial por la UVM y trabajadora de Autoliv; él, ingeniero en diseño automotriz, empleado de A2MAC1. Jóvenes, responsables, dedicados. Pero ese día no llegaron.
Un accidente brutal les arrebató la ruta, el rumbo y, en el caso de Mitzi, la vida. La camioneta Mazda que los embistió venía a exceso de velocidad, se pasó un alto y los proyectó directamente contra uno de los pilares del Acueducto de Querétaro. Las imágenes del choque circularon en redes como una bofetada a la conciencia ciudadana. Y la indignación no tardó.
Del otro lado del volante

Detrás del volante iba Paola Alejandra “N”, mejor conocida como “La Mufasa”. Trabaja en un bar de Centro Sur y, según su propio testimonio, venía de una fiesta que se alargó toda la noche. Había estado bebiendo desde horas antes y cuando decidió irse a casa, subió a su vehículo en estado de ebriedad. No llegó. En su camino, destruyó un auto, una vida, y dejó otra pendiendo de un hilo en terapia intensiva.
Videos del momento de su detención muestran a Paola tambaleándose, con evidente desorientación. Esa imagen —la de una persona alcoholizada tratando de mantenerse en pie— contrastó brutalmente con la de Mitzi: una joven sonriente, con futuro, con sueños, con disciplina y valores. Dos mujeres, dos estilos de vida completamente opuestos. Y una tragedia que las cruzó en un punto sin retorno.
Un dolor profundo y un llamado a la justicia
Mitzi era de esas personas que dejan huella. Cercanos la describen como empática, trabajadora, generosa. Amaba su trabajo, su familia, y el baile hawaiano. Daniel, amigo de la pareja, lo dijo claro: “Su único error fue estar en el lugar y momento equivocados”.
Martín, su pareja, sigue internado en estado crítico. Su familia ha pedido evitar rumores y desinformación. Mientras tanto, las redes se han llenado de mensajes de apoyo y también de exigencias: justicia, consecuencias reales, sanciones ejemplares.
¿Y ahora qué?

Paola Alejandra “N” fue puesta a disposición de la Fiscalía. Enfrenta una posible condena de hasta 30 años por tres delitos:
Homicidio culposo agravado
Lesiones culposas agravadas
Daño a monumento histórico (el Acueducto está protegido por el INAH)
Además, conducir bajo los efectos del alcohol elimina posibilidades de libertad anticipada. El caso ya ha levantado mucho ruido, y se espera que tenga una alta carga mediática y social.
No fue un accidente. Fue una decisión
El caso de Mitzi no es solo una estadística más. Es un espejo de lo que como sociedad estamos permitiendo: conductores ebrios circulando con impunidad, radares sin funcionar, falta de conciencia y cero responsabilidad en muchos casos.
Por eso el dolor es tan hondo. Porque ella sí hacía las cosas bien. Porque su vida terminó por culpa de alguien que eligió mal. Y porque, mientras Mitzi ya no está, la ciudad entera carga con la tristeza de su ausencia… y con la rabia de la injusticia.




